«Contemplar agradecido cómo Cristo salva»

Cristo ha resucitado, decimos con fe, y eso cambia la vida de los cristianos, que siguen a alguien vivo, entregado en la cruz y vencedor de la muerte. Pero, ¿qué es vivir como resucitados? El autor, sacerdote, nos habla de que «ser cristiano tiene que ver con contemplar agradecido cómo Cristo salva, llena de sentido cualquier vida, antes incluso de que ya esté orientada hacia él».

La iglesia viene a anunciarme una vez más que Cristo está resucitado. Que él vive. Os confieso que tengo la tendencia de recibir esta noticia como una información más. Sé que se trata de algo muy importante, pero al fin y al cabo tengo facilidad para someterlo a mi forma de pensar y vivir. Y así trato de buscar razones para poder defender esta verdad con argumentos que me parezcan firmes. Como cualquier otra persona que sigue una ideología o idea que considera importante. En algunas homilías he pretendido llenar de argumentos que sostengan a los creyentes que participan en la eucaristía sobre la resurrección de Jesús y nuestra nueva vida.

Pero lo que realmente me resulta novedoso es cuando Cristo irrumpe dejando raquíticos mis argumentos. Ante Cristo resucitado no es que no valgan mis palabras, más bien, es que no son lo principal. Creo que Cristo se sonríe con cariño cuando me ve tan empeñado en hacer valer mis ideas. Esa sonrisa me desmonta. Me deja un poco en la intemperie. Prefiere que le adore y me haga amigo de su presencia con más silencio. Desea que me mueva más por la novedad que descubro y los efectos que causa en mí, más que por las ideas abstractas con las que me suelo empeñar en describir esto.

La misión «no nace de una convención de gente unida, sino de una vinculación bautismal, de vivirme incorporado a una vida que me sobrepasa»

Misión cristiana es la que nace desde estas mociones, más que desde otra necesidad eficaz, organizativa o comunitaria. ¿Cómo puedo explicarlo mejor? Creo que tiene que ver con la comunión de los santos. Eso que hace que cuando leo a otros cristianos, despierte en mí alegría y pertenencia y no sólo ideas. Me ocurre con Juan de la Cruz, Padre Arrupe, Carlos de Foucauld o Madeleine Delbrêl. Ahí radica la misión. No nace de una convención de gente unida, sino de una vinculación bautismal, de vivirme incorporado a una vida que me sobrepasa. Que los bautizados somos seguidores de una persona que toma la iniciativa y se adelanta a nuestro entendimiento, a nuestra opción ética o incluso nuestra sensibilidad.

Sé que lo explico mal, pero tiene que ver con mirar al mundo reconociendo que Cristo no para de actuar, va por delante y mejor de lo que pensaría con mis proyectos pastorales. Ser cristiano tiene que ver con contemplar agradecido cómo Cristo salva, llena de sentido cualquier vida, antes incluso de que ya esté orientada hacia él. Y sonreír habitado y agradecido.
 
Por Jaime Quiralte Tejero.

Este artículo se publicó en Con Vosotros de 14 de abril de 2024.